El codiseño y sus beneficios para tu marca
- Clara Rovira
- 3 jul
- 5 min de lectura
Imagina lo siguiente: contrataste un servicio de identidad visual para tu marca. Recibiste las propuestas de tu diseñador o agencia y seleccionaste la que más te gustó. Meses después, te das cuenta que algo no te cierra.
No está relacionado a que el diseño entregado sea infuncional o no se vea estético. El problema que sentís es que no te representa del todo. Si alguien te pregunta “¿por qué tu marca se ve así?” no sabés que responder más que “Contraté un servicio y así me lo entregaron”.
Esto tiene nombre, y también solución. Se llama codiseño y es exactamente lo contrario a esta situación.
¿Qué es el codiseño?
El codiseño es una metodología de trabajo en donde todas las partes involucradas son parte del proceso de diseño. El cliente no es un observador externo que solo aprueba o rechaza las propuestas, sino que también participa de la construcción de la identidad desde el principio de manera activa.
Esto no implica que el cliente que contrató el servicio tenga que diseñar o tomar decisiones técnicas. Sino que su mirada, experiencia, historia y conocimiento del negocio entran en el proceso en el momento indicado, sumando insumos para que el diseño adquiera una dimensión más profunda desde la conceptualización antes de que alguien se ponga a diseñar.
La diferencia práctica es que en un proceso tradicional, el diseñador interpreta. En el codiseño, el diseñador traduce. Traducir algo que entendés bien siempre da un mejor resultado que interpretar algo que adivinás o intuís.

¿Por qué la mayoría de los procesos de diseño NO son codiseño?
Por lo general, en la industria el estándar funciona de la siguiente manera: el cliente llena un brief, el diseñador desaparece dos semanas, y vuelve con tres opciones.
Es un modelo eficiente pero tiene un problema a nivel estructural, y es que el brief nunca captura todo. Todo lo que una persona sabe de su negocio no entra en un formulario. El tono con el que habla cuando está cómodo, las cosas que no quiere parecer aunque no sepa como decirlo, todo es queda afuera, entre otros elementos que pueden variar negocio a negocio. Es difícil medir todo de la misma manera, por ende es difícil usar un mismo formulario de brief para todos los proyectos de branding.
Entonces, en esta situación el diseñador por lo general trabaja con información incompleta y lo compensa con talento y criterio. A veces eso ya es suficiente, pero muchas veces no.
El resultado es una marca que técnicamente está bien hecha, está acertada y cumple con la información que le brindaron. Pero el cliente no puede hacerla propia. No puede defenderla ni usarla con convicción y en algún momento empieza a “hacerle cositas” por su cuenta que desacomodan la marca.
¿Qué pasa cuando un proceso sí es de codiseño?
Vas a poder explicar tu propia marca
Cuando alguien te pregunta “¿Por qué tu marca tiene estos colores?” tenés una respuesta precisa, ya que estuviste en la conversación en donde se tomó esa decisión. Conocés la dirección creativa de tu propio proyecto y qué fundamentación tiene relacionado a lo que es tu marca.
Las revisiones se reducen drásticamente
Los ajustes, pequeños cambios y correcciones ya casi no están presentes. Esto sucede al validar la dirección antes de que el diseñador comience a ejecutar. Las s
orpresas desaparecen porque no hay momentos en donde las dos partes descubren que estaban imaginando cosas distintas.
La identidad dura más
Una marca basada en decisiones conscientes resiste mucho mejor el tiempo que una basada en elementos superficiales y preferencias estéticas del momento. Dentro de dos años no vas a querer cambiarla porque “ya no te gusta”, porque su diseño fue una cuestión de estrategia.
Aprendés de tu propio negocio
Esto es lo que más sorprende. Las preguntas que aparecen en un buen proceso de codiseño, son las que te permiten reflexionar sobre cosas que tal vez no te habías cuestionado. Te permiten alinearte con tu equipo y avanzar con seguridad en la comunicación de tu negocio.

Cómo se ve en la práctica: el proceso paso a paso
En Cuestión Visual, como te podrás imaginar a esta altura, el proceso empieza antes del diseño.
Sesión de diagnóstico: Antes de hablar de colores o tipografías, hay una conversación inicial para entender mejor tu negocio y qué necesidades tiene. Establecemos expectativas y objetivos que son la base de todo el trabajo posterior.
Taller de codiseño: Nos reunimos para tener el taller en donde definimos el terreno conceptual de tu negocio (que se va a traducir al diseño). Hacemos preguntas que a veces incomodan un poco o hay que tomarse un tiempo para pensarlas: ¿A quién no querés atraer? ¿Qué dirías que hacés si no podés usar la misma palabra que usás siempre? A medida que vamos trabajando con preguntas, actividades, dinámicas, vamos definiendo la dirección y tomamos decisiones importantes de manera colaborativa.
Desarrollo del diseño: Nos llevamos todos los insumos que definimos en conjunto y los traducimos en la identidad visual de tu marca. Los presentamos y escuchamos qué resuena, y si hace falta revisar algún punto.
Entrega: Al final, el cliente recibe sus archivos sabiendo usarlos, explicarlos y con la certeza de por qué son así.
¿Para quién es útil y para quién no?
La metodología de codiseño funciona especialmente para emprendedores, dueños de negocios y mandos medios-altos de empresas que estén construyendo su marca por primera vez, planeen reformularla o necesiten una implementación de marca. Es para aquellos que tienen algo que decir sobre su negocio y quieren potenciar la comunicación de su negocio, pero no saben cómo traducirlo visualmente.
Este proceso no es el ideal si lo que necesitás es un logo “para ayer” y no tenés tiempo ni ganas de pensar en estrategia. En ese caso, hay opciones más rápidas aunque los resultados sean distintos.
Tampoco funciona si el cliente no tiene disposición a participar. El codiseño requiere dos partes activas. Un cliente que desaparece después de la reunión inicial y vuelve a la hora de aprobar no está siendo parte del proceso de codiseño, está tercerizando una decisión.
El diseño antes que todo debe ser funcional y cumplir un objetivo. El diseño aporta claridad acerca de quién sos, a quién le hablás, qué prometés, en qué sos experto, y para aportar esta claridad alguien tiene que saber esas respuestas, y ese alguien sos vos.
El trabajo del diseñador es hacer que eso se vea, pero no va a llegar al mejor resultado trabajándolo solo.
Si estás pensando en trabajar en tu branding y querés entender primero qué necesita tu marca, trabajar colaborativamente en ella y llevarte un resultado que cumpla con tus objetivos, desde Cuestión Visual podemos ayudarte.
